El derecho a reparar ya es ley en Europa: qué obliga de verdad y qué se le sigue escapando
La directiva europea de reparación y las nuevas reglas de ecodiseño obligan a los fabricantes a vender recambios, publicar manuales y cumplir plazos. Repasamos qué ha cambiado ya en la tienda y dónde sigue ganando el pegamento.
El técnico ha hecho todo bien. Ha abierto el móvil con calor y ventosa, ha retirado la pantalla rota y ha montado otra idéntica, original, rescatada de otro terminal que llegó al taller con la placa muerta. Enciende. El teléfono arranca, el táctil responde, el brillo es el de fábrica. Y entonces aparece un aviso en la pantalla: no se puede verificar que este componente sea una pieza original.
No hay ninguna avería. Hay una firma electrónica que no cuadra. A eso se le llama emparejamiento de piezas, y durante años ha sido el muro más silencioso contra el que se han estrellado los talleres independientes de media Europa. Bruselas lleva desde 2024 intentando derribarlo con dos palancas a la vez: una directiva de reparación y un paquete de reglas de ecodiseño que ya está en vigor.
Qué obliga la nueva ley
La directiva (UE) 2024/1799, aprobada en junio de 2024, da a los Estados miembros hasta el 31 de julio de 2026 para meterla en su legislación nacional. España incluida. Lo que trae es concreto:
- Obligación de reparar fuera de la garantía, a petición del consumidor y a un precio razonable, para los productos que ya tienen requisitos europeos de reparabilidad: lavadoras, lavavajillas, frigoríficos, aspiradoras, pantallas, servidores, móviles y tabletas.
- Prohibición de las cláusulas contractuales y de los trucos de hardware o software que impidan a un taller independiente hacer su trabajo.
- Un fabricante no podrá negarse a reparar alegando que otro tocó el aparato antes, ni porque se hayan usado piezas de segunda mano o fabricadas con impresión 3D.
- Si un aparato falla en garantía y el comprador elige repararlo en vez de cambiarlo, la garantía se prolonga doce meses más.
- Un formulario europeo de información sobre la reparación, que el taller no está obligado a entregar, pero que si entrega vincula el precio durante 30 días.
- Una plataforma pública europea para localizar quién repara cerca de casa.
Detrás de todo esto hay una cuenta que hizo la propia Comisión antes de legislar: tirar aparatos que todavía funcionan genera en la Unión unos 35 millones de toneladas de residuos y 261 millones de toneladas de CO₂ equivalente al año, y cuesta a los consumidores del orden de 12.000 millones de euros. Un Eurobarómetro de 2020 ya decía que el 77% de los europeos preferiría arreglar antes que comprar de nuevo. La distancia entre esa intención y lo que ocurre en la tienda es precisamente lo que la ley intenta cerrar.
Francia lleva cinco años poniendo nota
Mientras Bruselas legislaba, en Francia ya llevaban un lustro de campo de pruebas. Desde el 1 de enero de 2021, cinco familias de productos —móviles, portátiles, televisores, lavadoras de carga frontal y cortacéspedes— están obligadas a mostrar un índice de reparabilidad del 0 al 10 junto al precio. En 2022 se sumaron lavavajillas, aspiradoras, hidrolimpiadoras y lavadoras de carga superior. Desde diciembre de 2022 existe además un bono de reparación que descuenta unos euros de la factura del taller.
Lo interesante del experimento francés es lo que enseñó al fallar. Las asociaciones de reparadores llevan años señalando el mismo agujero: la nota se la calcula el propio fabricante, siguiendo una tabla, sin control independiente sistemático. El resultado previsible es que las puntuaciones se apelotonan en la franja alta y casi nadie se pone un suspenso. Por eso Francia ha empezado a sustituirlo por un índice de durabilidad, más exigente, que arrancó en enero de 2025 con los televisores y que mide también la fiabilidad y el soporte, no solo lo fácil que es abrir la carcasa.
La etiqueta que ya está en las tiendas
Aquí viene el cambio que más se nota y del que menos se ha hablado. Desde el 20 de junio de 2025, todos los móviles y tabletas que se venden en la Unión llevan una etiqueta energética con una letra de reparabilidad de la A a la E, junto a la autonomía de la batería, su resistencia al envejecimiento, la resistencia a caídas y la protección frente a polvo y agua.
La etiqueta no va sola. El reglamento de ecodiseño que la acompaña obliga a los fabricantes a mantener recambios disponibles durante siete años desde que el modelo deja de venderse, a servirlos en un plazo de entre cinco y diez días hábiles, a ofrecer actualizaciones del sistema operativo durante al menos cinco años desde la última unidad vendida y a que la batería aguante 800 ciclos completos conservando el 80% de su capacidad.
Hay otra fecha marcada en rojo: el reglamento europeo de baterías exige que a partir del 18 de febrero de 2027 las pilas y baterías portátiles sean extraíbles y sustituibles por el propio usuario. Ese es el punto donde el pegamento tiene los días contados.
Dónde sigue ganando el pegamento
Y sin embargo, volvamos al taller del principio. La ley europea prohíbe impedir la reparación, pero el emparejamiento de piezas vive en una zona gris: el teléfono funciona, simplemente desconfía. Muestra avisos, desactiva el sensor de huella o el ajuste automático del color. Nadie ha bloqueado nada de forma explícita.
El terreno se mueve. Apple anunció en abril de 2024 que empezaría a admitir piezas originales usadas en las reparaciones de iPhone, y ese mismo año el estado de Oregón aprobó la primera ley estadounidense que prohíbe directamente el emparejamiento de componentes. En el otro extremo del mercado, el Fairphone 5 se vende con la promesa de actualizaciones hasta 2031 y con un 10 sobre 10 en las evaluaciones de iFixit, la referencia oficiosa del sector: se abre con un destornillador normal y sus módulos salen en minutos.
Cómo leer la etiqueta antes de pagar
Con las reglas nuevas, comprar bien es cuestión de mirar tres cosas en el orden correcto:
- La letra de reparabilidad, de la A a la E, en la etiqueta energética del móvil o la tableta. Está impresa junto al precio y en la ficha de la tienda online.
- Los años de actualizaciones comprometidos. Un aparato que deja de recibir parches es chatarra aunque su batería esté perfecta.
- El precio del recambio, que el fabricante está obligado a publicar. Si una pantalla cuesta la mitad que el teléfono, la reparabilidad sobre el papel importa poco.
El bono francés dejó un dato que conviene tener presente cuando llegue el momento de decidir: en la mayoría de los aparatos pequeños, la avería que manda el trasto a la basura suele ser la batería o la pantalla, las dos piezas que la nueva normativa ha puesto en el centro. En 2027, cuando la batería del móvil vuelva a salir tirando de una pestaña, buena parte de esta discusión habrá cambiado de sitio.