El pulpo, el cangrejo y la mosca: dónde está poniendo la ciencia la frontera

0

Un texto firmado por 610 investigadores mete a los cefalópodos, los crustáceos y los insectos en la conversación sobre la conciencia. Sin afirmar que sientan.

El pulpo, el cangrejo y la mosca: dónde está poniendo la ciencia la frontera

Hay una pregunta que suena a sobremesa y que lleva décadas incomodando a los laboratorios: ¿qué animales sienten algo? Durante mucho tiempo la respuesta práctica fue cómoda: los que se nos parecen. Perros, monos, delfines. Los demás, no, o al menos no hasta que se demuestre.

Un texto firmado ya por 610 científicos y filósofos ha movido esa raya, y lo interesante es hasta dónde.

Tres escalones

En el primero están los mamíferos y las aves. Ahí la declaración dice que el apoyo científico para atribuirles experiencia consciente es fuerte. Poca discusión.

En el segundo, todos los demás vertebrados: reptiles, anfibios y peces. Aquí ya no dice que sientan. Dice que hay una posibilidad realista de que sientan.

Y en el tercero está lo que ha hecho que la gente se gire: muchos invertebrados. El texto nombra a los cefalópodos, a los crustáceos decápodos y a los insectos.

Por qué esos tres y no otros

Porque son justamente los grupos donde el trabajo de los últimos años ha ido acumulando señales raras. El pulpo lleva tiempo desarmando la idea de que hace falta un cerebro parecido al nuestro para hacer cosas complicadas: tiene la mayor parte de sus neuronas repartidas por los brazos. En los crustáceos decápodos —cangrejos, langostas, gambas— se han documentado respuestas que van más allá del reflejo ante un daño. Y entre quienes firmaron primero está Lars Chittka, un zoólogo que ha pasado años estudiando el comportamiento de los abejorros y encontrando más de lo que esperaba.

Lo que no dice, y es importante

No dice que las moscas sean conscientes. Repetirlo así es cómodo para un titular y falso. Lo que dice es que la posibilidad es realista y que, cuando lo es, dar por hecho que no y seguir adelante es irresponsable.

Suena a matiz de filósofo y no lo es. Cambia quién tiene que explicarse. Hasta ahora, el que sostenía que un cangrejo siente algo. A partir de aquí, también el que organiza una actividad que afecta a millones de ellos dando por supuesto que no.

El lío que viene

Ninguna legislación está escrita con este criterio. La mayoría de las normas de bienestar animal trazan la línea en los vertebrados, y varias solo en los de sangre caliente. Un documento firmado por 610 investigadores no cambia una ley, pero sí cambia lo que un juez, un comité de ética o un regulador pueden considerar razonable. Esa es la clase de cosa que tarda años en notarse y luego parece que pasó de golpe.

De dónde salen los datos

El texto de la declaración, la fecha del 19 de abril de 2024 y el recuento de 610 firmantes están tomados de la página oficial de la iniciativa, alojada en la Universidad de Nueva York. Los nombres de quienes la impulsaron y de los primeros firmantes, de esa misma página y de la cobertura publicada tras el lanzamiento.

Conviene repetir una distinción que se pierde en casi todos los resúmenes: la declaración no afirma que los insectos o los peces sean conscientes. Afirma que hay una posibilidad realista de que lo sean y que, existiendo esa posibilidad, ignorarla al decidir sobre ellos es irresponsable. Es una declaración sobre cómo tratar la incertidumbre, no un veredicto sobre quién siente.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *