La casa no tenía máquina: la casa era la máquina

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Un patio estrecho y hondo enfría una casa entera sin una sola pieza móvil. El truco es el mismo en la China del sur, en Córdoba, en Roma y en Yazd, y ha vuelto a la arquitectura por donde nadie esperaba: la factura de la luz.

Patio estrecho y hondo visto desde abajo, con el cielo al fondo

La calle a sesenta grados y la casa de al lado fresca. No hay ventilador, no hay hielo y no hay nada que gire. Lo único raro que se ve es un agujero en el tejado.

En la arquitectura del sur de China ese agujero se llama tianjing, pozo de cielo: un patio estrecho y muy hondo, abierto arriba, al que el sol solo llega al fondo unos minutos al mediodía. El resto del día es una chimenea de sombra.

Cómo enfría un agujero

El mecanismo es de manual y no ha cambiado nunca. El aire caliente pesa menos, así que sube. Si tiene por dónde salir arriba, se va. Y al irse deja un hueco que se rellena con el aire que hay más cerca, que en una casa así es el de las habitaciones en sombra.

El resultado es una corriente permanente que no la mueve nadie: la mueve la diferencia de temperatura entre lo que está al sol y lo que está a la sombra. Se llama efecto chimenea, y mientras haya sol pegando arriba y sombra abajo, no se para.

La clave del diseño está en la proporción. El patio tiene que ser estrecho y hondo: si se ensancha, el sol entra, calienta el fondo y la corriente se muere. Es un patio pensado para que casi nunca le dé el sol, que es exactamente lo contrario de un patio de recreo.

El mismo truco, en cuatro sitios que no se hablaban

Lo interesante es que la solución aparece, prácticamente igual, en culturas que no tenían contacto entre sí. Cuando el problema es el mismo y la física también, la respuesta se repite.

El patio andaluz. Estrecho, encalado, con una fuente y plantas. La sombra mantiene el fondo fresco, el agua enfría por evaporación y el aire circula hacia las habitaciones. En Córdoba llevan siglos haciéndolo y hasta le hacen un concurso todos los mayos.

El impluvio romano. La casa romana tenía en el centro un atrio con el techo abierto —el compluvium— y debajo un estanque —el impluvium— que recogía la lluvia. Servía para el agua y para lo otro: luz, ventilación y frescor.

Las torres de viento persas. En Yazd, en el desierto iraní, las casas levantan torres huecas que capturan el aire de arriba y lo bajan a la vivienda. Combinadas con los canales subterráneos de agua, bajaban la temperatura interior de forma brutal, y muchas siguen en pie.

Cuatro sitios, la misma idea: mover el aire aprovechando que el caliente sube, y hacerlo pasar por algo fresco antes de que llegue a la gente.

Por qué lo perdimos

Por una razón sencilla: en 1902 se inventó el aire acondicionado, y a partir de la mitad del siglo pasado dejó de hacer falta pensar. Con una máquina en la fachada, cualquier caja de cristal es habitable en cualquier clima, y una caja de cristal es mucho más barata y más rápida de construir que un edificio pensado para su sitio.

El coste de esa comodidad se ve ahora: la refrigeración es una de las partidas de consumo eléctrico que más crece en el mundo, y crece justo cuando más calor hace, que es cuando la red va más apretada.

El pozo de cielo, convertido en rascacielos

Y aquí viene la vuelta. En Cantón hay una torre de oficinas de 71 plantas, la Pearl River Tower, diseñada por el estudio SOM, que funciona con la misma idea de la casa con agujero.

Tiene doble fachada: dos pieles de vidrio con una cámara de aire entre ellas. El sol calienta esa cámara, no el interior, y ese aire caliente se extrae planta por planta antes de que llegue a las oficinas. La torre lleva además techos radiantes para enfriar, ventilación por el suelo y unas aberturas con turbinas que aprovechan el viento que el propio edificio encauza.

La forma curva no es un capricho de arquitecto: está diseñada en túnel de viento para dirigir el aire hacia esas aberturas.

Lo que esto no arregla

Conviene decirlo, porque el entusiasmo por lo pasivo se pasa de frenada con facilidad.

La humedad. Mover aire enfría a una persona, pero no deshumidifica. En un clima húmedo, la ventilación sola no basta y hace falta máquina para quitar agua del aire.

Las noches cálidas. Estas estrategias funcionan porque de noche el aire se enfría y el edificio se descarga. En las ciudades donde ya no baja de veinticinco por la noche, esa descarga no ocurre.

Y lo ya construido. Un patio no se le añade a un bloque de los sesenta. En la mayoría del parque de vivienda español lo que se puede hacer es más modesto: sombra, ventilación cruzada de madrugada y aislamiento.

Lo que sí queda es una idea que se había perdido y ha vuelto a estar en los pliegos: que un edificio puede hacer parte del trabajo por su forma. En la casa del pozo de cielo no había una máquina en un rincón. La casa entera era la máquina.

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