Turnstyle: la tecnología que giraba con el móvil y murió con la empresa que la inventó
Grababan cada escena dos veces, en vertical y en horizontal, para que al girar el teléfono cambiara el encuadre sin cortes. Funcionaba. Duró seis meses.
En 2020 existió durante seis meses una plataforma de vídeo que hacía algo que no ha vuelto a hacer nadie: grababa cada escena dos veces, una en vertical y otra en horizontal, y cambiaba de una a otra en el momento en que girabas el teléfono, sin pausa y sin recorte. Se llamaba Turnstyle y era de Quibi.
Por qué era difícil
Cuando una aplicación te enseña un vídeo en vertical, casi siempre está recortando por los lados una imagen pensada para el formato apaisado. Se nota: las cabezas quedan descentradas y a veces el que habla se sale del cuadro. La alternativa habitual es dejar franjas negras arriba y abajo.
Turnstyle no hacía ninguna de las dos cosas. En el rodaje se planificaban dos encuadres distintos de la misma escena, se montaban las dos versiones y se enviaban las dos al teléfono a la vez, sincronizadas al fotograma. Al girar el aparato, el reproductor saltaba de una pista a la otra sin que se notara el salto. En vertical podías ver el primer plano de una cara; en horizontal, la habitación entera y quién más estaba dentro.
Algunos directores llegaron a usarlo como recurso narrativo: contaban una cosa en un encuadre y otra distinta en el otro, de modo que girar el móvil cambiaba lo que sabías de la escena.
Qué salió mal
No fue la tecnología. Quibi levantó mil setecientos cincuenta millones de dólares antes de estrenar nada, con Jeffrey Katzenberg y Meg Whitman al frente, y cerró seis meses y quince días después de abrir. Cobraba desde el primer minuto por un producto que había que explicar, funcionaba solo en el móvil y no dejaba compartir un trozo de vídeo con nadie, que es justamente como se hace viral el vídeo corto.
Turnstyle se fue con la empresa. La cartera de patentes acabó vendida en el proceso de liquidación y la función no ha reaparecido en ninguna plataforma grande.
Lo que queda
Rodar cada escena dos veces cuesta el doble en plató y en montaje, y ese coste solo tiene sentido si mucha gente gira el teléfono a menudo. Resultó que casi nadie lo hacía. Es un caso de manual de algo que pasa más de lo que parece: una idea técnica brillante, ejecutada bien, al servicio de un comportamiento que la gente no tenía.
Debajo va el caso completo contado en vídeo, con las cifras y los nombres.