¿Por qué las películas de ahora duran más que las de hace treinta años?
La duración media de los grandes estrenos ha subido de forma medible desde los noventa. La explicación no está en el arte, sino en la cuenta de resultados de los estudios y en la aritmética de las salas.
Vengadores: Endgame dura 181 minutos y se proyectó sin descanso. Sí, los grandes estrenos duran más que hace tres décadas: la media de los títulos más taquilleros ha subido en torno a veinte minutos. Y el motivo es económico. Los estudios estrenan menos películas y más caras, las sagas gastan metraje en sembrar la siguiente entrega, y unos pocos directores tienen poder para decidir el montaje final.
¿Cuánto han crecido exactamente?
Menos de lo que sugiere la sensación. Las películas larguísimas no son un invento reciente: Ben-Hur dura 212 minutos y es de 1959. Lo que ha cambiado no es el techo, sino el suelo. En los noventa convivían el peso pesado de tres horas y el taquillazo de noventa minutos; hoy, el taquillazo de noventa minutos casi solo existe en la animación.
| Película | Año | Duración |
|---|---|---|
| Ben-Hur | 1959 | 212 min |
| El padrino | 1972 | 175 min |
| El rey león | 1994 | 88 min |
| Titanic | 1997 | 194 min |
| El retorno del rey | 2003 | 201 min |
| Avatar | 2009 | 162 min |
| Vengadores: Endgame | 2019 | 181 min |
| Avatar: El sentido del agua | 2022 | 192 min |
| Oppenheimer | 2023 | 180 min |
| Los asesinos de la luna | 2023 | 206 min |
| Dune: Parte Dos | 2024 | 166 min |
| Del revés 2 | 2024 | 96 min |
Conviene decir hasta dónde llega el dato. Los recuentos que circulan miden la media de las diez o veinte películas más taquilleras de cada año, y coinciden en la dirección aunque discrepen en la magnitud: entre quince y veinticinco minutos más que en los noventa. La película más taquillera de un año concreto no sirve para nada, porque un año gana Barbie con 114 minutos y al siguiente gana una de tres horas. La tendencia está en el conjunto, no en el campeón.
¿Por qué al estudio le compensa alargar?
Porque produce menos películas. Un estudio grande que en los noventa sacaba veinte estrenos al año hoy saca la mitad, y concentra en cada uno un presupuesto que antes se repartía. Cuando el año depende de cuatro o cinco apuestas, cada una tiene que hacer más trabajo: cerrar su historia, presentar personajes que protagonizarán la próxima, atar cabos de las anteriores y justificar un precio de entrada que compite con el sofá de casa.
A eso se suma el poder de montaje final. Christopher Nolan, Martin Scorsese, James Cameron o Denis Villeneuve entregan la película que quieren entregar; nadie del estudio recorta veinte minutos por encima de su cabeza. Ese privilegio afecta a muy pocos directores, pero son exactamente los que firman los títulos que luego se citan como prueba de que el cine se ha alargado.
¿Qué le cuesta media hora de más a un cine?
Pases. Y el pase es la unidad de negocio de una sala. La cuenta se hace sola con una sala que abre catorce horas:
- Cada sesión arrastra unos 20 minutos de publicidad y tráileres, más 15 de limpieza y entrada del público siguiente.
- Una película de 100 minutos ocupa unas 2 horas y cuarto de sala: caben seis pases.
- Una de 180 minutos ocupa 3 horas y media largas: caben cuatro.
- El precio de la entrada es el mismo en los dos casos. Nadie cobra más por la película larga.
Dos pases perdidos al día, en cada sala del complejo, durante las semanas buenas del estreno. El exhibidor tampoco puede negarse: si la película larga es la que llena, la programa igual. Lo que hace es compensarla, dejándole las salas grandes y las mejores horas y colocando alrededor títulos cortos que recuperen rotación.
Si la culpa es de las salas, ¿por qué las más largas las pagan las plataformas?
Ahí la explicación se complica, y merece la pena decirlo. Las dos películas más largas de la lista anterior no las financió un estudio clásico: Los asesinos de la luna (206 minutos) es de Apple, y El irlandés, de 2019, llegó a 209 minutos con dinero de Netflix. Para una plataforma la duración no cuesta nada: no hay pases que perder, no hay una sala parada. Puede permitirse un metraje que ningún estudio con exposición en taquilla firmaría.
Dentro del propio catálogo, sin embargo, el comportamiento se parte en dos. Las películas que una plataforma produce con ambición de premios se van por encima de las tres horas. Las que produce como puro consumo doméstico rara vez pasan de los 120 minutos: Red Notice dura 118, Escuadrón 6 dura 128. En ese carril lo que se mide es cuánta gente termina lo que empieza, y la duración juega en contra.
¿Y el espectador qué hace con esto?
Adaptarse, básicamente. Tres horas sin descanso cambian el plan de la tarde: hay menos horarios donde elegir, la última sesión termina cuando ya no hay metro, y el cuerpo tiene sus límites. Existe una aplicación, RunPee, dedicada exclusivamente a decirte en qué minuto de cada película puedes ir al baño sin perderte nada importante, con un resumen de lo que ocurre mientras estás fuera. Que ese negocio exista dice bastante.
El descanso, que en España desapareció de las salas hace décadas, sigue siendo norma en la India, donde el interval forma parte de la estructura del guion y las películas se escriben contando con él. En algunos países del norte de Europa se mantuvo como costumbre y ha vuelto a aparecer en estrenos concretos de más de tres horas. En el circuito español y estadounidense, en cambio, la decisión está tomada desde arriba: Endgame se estrenó sin pausa por indicación de los propios directores, que no querían romper el ritmo. Ciento ochenta y un minutos, del tirón, y a aguantar.
