¿Por qué nos estamos quedando sin arena si el planeta está lleno de desiertos?
Extraemos unos 50.000 millones de toneladas de arena al año, más que de cualquier otro material sólido, y la del desierto no sirve para construir. Qué arena falta, quién la saca de ríos y del fondo del mar, y qué alternativas funcionan ya.
Porque la arena del desierto no sirve para construir. El viento pule sus granos hasta dejarlos redondos y lisos, y en el hormigón esos granos no traban entre sí. La que sirve, la angulosa de ríos, playas y fondos marinos, la estamos sacando más deprisa de lo que la naturaleza la repone: unos 50.000 millones de toneladas al año, según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). Solo usamos más agua.
La cifra cuesta imaginarla. En 2014 el PNUMA ya calculó que con el cemento consumido en un solo año, 2012, se podía levantar un muro de hormigón de 27 metros de alto por 27 de ancho alrededor de todo el ecuador. Desde entonces la demanda no ha dejado de crecer, empujada por la urbanización de Asia y África.
¿Qué tiene de malo la arena del desierto?
El problema está en la forma y en el tamaño. Durante miles de años los granos del Sáhara o de Arabia chocan unos con otros arrastrados por el viento. El resultado son partículas pequeñas, muy parecidas entre sí y casi esféricas. Un buen árido para hormigón necesita lo contrario: granos de tamaños variados y con aristas, que encajen como piezas y dejen poco hueco para la pasta de cemento.
La arena que arrastra el agua se desgasta mucho menos, porque el agua amortigua los golpes. Por eso la de río es la más buscada, y por eso países rodeados de dunas, como los del golfo Pérsico, importan arena para construir.
¿De dónde sale entonces la arena que usamos?
De tres sitios, y cada uno tiene su coste:
- Ríos. Es la más barata de sacar y la más apreciada. Al vaciar el cauce, el río baja más rápido, se hunde, socava puentes y deja de llevar sedimento a su desembocadura. El delta del Mekong, en Vietnam, pierde terreno en parte porque le llega mucha menos arena de la que se extrae río arriba.
- Playas y costas. Sacarla deja la costa sin defensa frente al oleaje y acelera la erosión.
- Fondo marino. Se draga con barcos que succionan el lecho. Destruye hábitats del fondo y enturbia el agua durante kilómetros.
Existe una cuarta vía, la arena de machaqueo, que se obtiene triturando roca en cantera. En España es la más habitual en el hormigón, pero exige más energía y abrir o ampliar canteras.
¿Es verdad que han desaparecido islas por sacar arena?
Sí. En Indonesia se atribuye a la extracción la desaparición de unas dos docenas de islotes a principios de este siglo, buena parte de ellos para alimentar la expansión de Singapur. La ciudad-Estado ha ganado cerca de un 25 % de superficie desde su independencia en 1965 rellenando el mar, y durante años fue el mayor importador de arena del mundo.
La reacción fue en cadena. Malasia prohibió exportar arena marina a finales de los noventa; Indonesia, en 2007; Camboya cerró la exportación en 2017 tras las protestas de pescadores y ecologistas. En 2023 Indonesia volvió a permitir la exportación de sedimento marino, una decisión que las organizaciones ambientales del país criticaron con dureza.
¿Quién controla ese negocio?
Donde la arena vale dinero y la vigilancia es débil aparecen las llamadas mafias de la arena. El caso mejor documentado es el de la India. Allí la extracción ilegal en ríos mueve cantidades enormes y ha dejado periodistas, activistas y funcionarios asesinados. En 2015 murió quemado en Uttar Pradesh el periodista Jagendra Singh, que había denunciado la minería ilegal en su distrito. La red SANDRP, que sigue los ríos del sur de Asia, lleva años contabilizando cientos de muertes ligadas a la extracción, entre accidentes en pozos abandonados y violencia directa.
El periodista estadounidense Vince Beiser contó esta economía sumergida en su libro The World in a Grain (2018), que ayudó a sacar el asunto de los informes técnicos. En el sudeste asiático el patrón se repite con barcazas nocturnas, permisos comprados y cifras oficiales de exportación que no coinciden con las de importación del país vecino.
¿Se puede saber cuánta arena se saca del mar?
Desde 2023, bastante mejor. El PNUMA y su centro GRID-Ginebra lanzaron ese año Marine Sand Watch, una plataforma que cruza las señales de posición que emiten los barcos (el sistema AIS) con inteligencia artificial para detectar cuándo una draga está trabajando. Su primera estimación: entre 4.000 y 8.000 millones de toneladas de arena y sedimento dragados cada año de los océanos. Por primera vez hay datos públicos para ver dónde se draga y comparar con lo que declaran los países.
| Dato | Cifra | Fuente |
|---|---|---|
| Arena y grava extraídas al año en el mundo | Unos 50.000 millones de toneladas | PNUMA, 2022 |
| Puesto entre los recursos más usados | Segundo, solo detrás del agua | PNUMA, 2022 |
| Arena y sedimento dragados del mar al año | Entre 4.000 y 8.000 millones de toneladas | Marine Sand Watch, 2023 |
| Superficie ganada al mar por Singapur desde 1965 | Alrededor de un 25 % | Gobierno de Singapur |
| Árido reciclado admitido en hormigón estructural en España | Hasta un 20 % del árido grueso | Código Estructural, 2021 |
¿Qué alternativas funcionan ya?
La más madura es aprovechar lo que ya está construido. Los residuos de construcción y demolición son, según Eurostat, más de un tercio de todos los residuos que genera la Unión Europea. Triturados y limpios dan árido reciclado, que sirve para bases de carreteras, rellenos y, con límites, para hormigón nuevo.
Ahí es donde manda la normativa. En España, el Código Estructural permite sustituir hasta un 20 % del árido grueso del hormigón estructural por árido reciclado de hormigón; la fracción fina reciclada sigue fuera para usos estructurales. La Ley de residuos de 2022 obliga además a separar en origen los materiales de las obras, algo imprescindible para que el árido reciclado salga con calidad. La directiva marco europea fijó ya en 2020 un objetivo del 70 % de valorización para estos residuos.
El PNUMA añade otras palancas en su informe de 2022: tratar la arena como un recurso estratégico, con registros de quién extrae y cuánto; construir menos obra nueva y rehabilitar más, y ensayar materiales como la ceniza de incineradoras o los relaves mineros tratados.
Lo que decide cuánto se avanza son dos cosas concretas: que las normas de construcción acepten más porcentaje de material reciclado y que sacar arena de un río deje de salir más barato que triturar un edificio viejo. Mientras tanto, en muchas playas del sudeste asiático la marea sube cada año un poco más lejos que el anterior.
