Cuánto territorio perdió México en el Tratado de Guadalupe Hidalgo (y lo que nadie sabía al firmarlo)

0

Cuánto territorio perdió México en el Tratado de Guadalupe Hidalgo: el 55 %, qué estados actuales salen de ahí, los 15 millones de dólares y qué fue de los mexicanos que vivían allí.

cuanto-territorio-perdio-mexico-en-el-tratado-de-guadalupe-hidalgo-portada

Cuánto territorio perdió México en el Tratado de Guadalupe Hidalgo tiene una respuesta corta y otra larga. La corta: alrededor del 55 % del que tenía antes de la guerra con Estados Unidos, según los Archivos Nacionales estadounidenses. La larga empieza nueve días antes de la firma, en un aserradero de California.

El 24 de enero de 1848, un capataz llamado James W. Marshall vio algo brillante en el canal de desagüe del molino que construía para John Sutter, en Coloma. Era oro. Ni el gobierno de Washington ni el de México lo sabían cuando, el 2 de febrero, sus negociadores firmaron en la Villa de Guadalupe Hidalgo, al norte de la capital mexicana, el tratado que pasaba California a manos estadounidenses. La fiebre del oro que vino después cuenta mejor que cualquier cifra el valor de lo que se estaba cediendo.

Cuánto territorio perdió México en el Tratado de Guadalupe Hidalgo, estado por estado

La llamada Cesión Mexicana sumó más de 525.000 millas cuadradas, unos 1,36 millones de kilómetros cuadrados. Sobre el mapa actual de Estados Unidos, eso equivale a:

  • California, Nevada y Utah completos.
  • La mayor parte de Arizona y de Nuevo México.
  • Partes de Colorado y Wyoming, y pequeñas porciones de Kansas y Oklahoma.

Además, México renunciaba a reclamar Texas y aceptaba el río Bravo como frontera. Aquí está el matiz que explica por qué unas fuentes hablan de «la mitad» y otras del 55 %: Texas se había declarado independiente en 1836 y Estados Unidos se la había anexionado en 1845, pero México nunca lo había reconocido. Si se cuenta Texas, la pérdida supera la mitad del país de 1846. Si no, la Cesión por sí sola es algo menos.

El precio: 15 millones de dólares

A cambio, Estados Unidos pagó 15 millones de dólares y asumió deudas de México con ciudadanos estadounidenses por otros 3,25 millones. Cinco años después, en 1853, la Compra de Gadsden (La Mesilla, para los mexicanos) añadió el sur de Arizona y de Nuevo México por 10 millones más, y ahí quedó dibujada la frontera que conocemos.

Un negociador desobediente

El tratado lo firmó un hombre que, técnicamente, ya no tenía permiso para hacerlo. Nicholas Trist, alto funcionario del Departamento de Estado, había sido enviado por el presidente James K. Polk para negociar la paz. En octubre de 1847 Polk le ordenó volver. Trist se quedó y negoció igualmente. «He decidido hoy a mediodía intentar hacer un tratado; la decisión es enteramente mía», escribió a su mujer, según recogen los Archivos Nacionales.

Polk estaba furioso, pero hizo cuentas y mandó el texto al Senado. Según el Miller Center de la Universidad de Virginia, se aprobó el 10 de marzo de 1848 por 38 votos a 14: votaron en contra demócratas que querían quedarse con más territorio y whigs que no querían ninguno. El Congreso mexicano lo ratificó en mayo.

Qué pasó con los mexicanos que vivían allí

La frontera se movió y entre 80.000 y 100.000 mexicanos se encontraron de un día para otro en otro país. Es poca gente en comparación con el territorio, que era en buena parte desierto, montaña o tierra de pueblos indígenas que no se sentían ni mexicanos ni estadounidenses.

El artículo VIII del tratado les dio un año para elegir. Podían conservar la ciudadanía mexicana o convertirse en estadounidenses, y quien siguiera allí pasado ese plazo sin declarar nada se consideraría ciudadano de Estados Unidos. La gran mayoría se quedó y pasó a ser estadounidense. Una minoría se marchó al sur, donde el gobierno mexicano promovió colonias de repatriados para poblar la nueva frontera.

El mismo artículo prometía que sus propiedades serían «inviolablemente respetadas». En la práctica la cosa fue más complicada. El Senado estadounidense suprimió el artículo X, el que garantizaba expresamente las concesiones de tierras otorgadas por España y México. En California, la Ley de Tierras de 1851 obligó a los propietarios a demostrar sus títulos ante una comisión federal, en pleitos que se alargaron años y que muchos perdieron o ganaron arruinados por los abogados. Como resume el proyecto Immigration History, la ciudadanía legal no vino acompañada de una aceptación social plena.

Lo que no se llevaron

Durante la guerra hubo en Estados Unidos quien pidió quedarse con todo México. No prosperó, en parte por motivos tan poco nobles como los del senador John C. Calhoun, que se opuso a incorporar a millones de mexicanos por razones abiertamente raciales. Al final Washington se quedó con las tierras menos pobladas y dejó fuera a la mayoría de la población mexicana.

Hoy en esos estados viven decenas de millones de personas de origen mexicano, muchas descendientes de quienes llegaron después y algunas de quienes ya estaban allí en 1848. De ahí viene una frase que se repite mucho en el suroeste: «Nosotros no cruzamos la frontera, la frontera nos cruzó a nosotros».

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *