Cómo se reconstruye un gol del que no existe ni una sola fotografía

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Sesenta y tres años sin imágenes, y un club que decide fabricarlas. Lo interesante es el procedimiento: a quién se pregunta y qué se hace con lo que dice.

Cómo se reconstruye un gol del que no existe ni una sola fotografía

El 24 de agosto de 1963 arrancó la Bundesliga. Cincuenta y ocho segundos después del pitido inicial, Timo Konietzka marcó para el Borussia Dortmund contra el Werder Bremen el primer gol de la competición.

Y no se conserva ni una imagen. Ni película, ni fotografía.

Por qué no hay nada

No había cámaras de televisión en el estadio aquel día. En 1963, la televisión alemana no cubría en directo cualquier partido, y aquel encuentro no fue una excepción por ser el primero.

Y los fotógrafos, que sí estaban, se encontraban todos detrás de la portería del Bremen.

El resultado es que el momento fundacional de la liga de fútbol más importante de Alemania es un hueco en su propio archivo.

Cómo se rellena un hueco así

El club, junto con Vodafone, ha reconstruido el gol en imagen en movimiento sesenta y tres años después. Y el procedimiento es lo interesante, más que el resultado.

Primero, lo escrito. Prensa de la época y material de archivo. Las crónicas de periódico de 1963 describían las jugadas con mucho más detalle que hoy, precisamente porque el lector no las había visto.

Segundo, los datos. Alineaciones, minuto exacto, disposición del campo, condiciones de aquel día.

Y tercero, la gente. Esta es la parte que no se puede repetir dentro de veinte años. Hablaron con Gerd Kolbe, hoy historiador del club; con Günther Konietzka, hermano del goleador; y con Eugen Kraas, presidente de una peña.

Con todo eso, la inteligencia artificial traduce a imágenes lo que dicen las fuentes.

Qué es y qué no es

Conviene decirlo con claridad, y hay que reconocer que el club lo dice: no se ha recuperado una grabación perdida. Se ha construido una versión de cómo pudo verse.

La diferencia es enorme y se nota en un detalle: si mañana apareciera la película original en el desván de alguien, lo más probable es que no se pareciera del todo a lo reconstruido.

La ventana que se está cerrando

Lo que hace que esto se haya hecho ahora y no dentro de diez años es aritmética.

Quien tuviera veinte años en aquella grada tiene hoy ochenta y tres. Los testigos directos son cada vez menos y cada vez recuerdan menos.

Aplicado a cualquier otro sitio, la conclusión es la misma: de casi todo el siglo XX hay huecos así, y el material con el que rellenarlos se está muriendo. No las fotos: la gente.

Y una cosa que cambió sin que nos diéramos cuenta

Hoy hay treinta cámaras en un partido de segunda regional, contando los móviles. Es prácticamente imposible que algo ocurra delante de treinta y cinco mil personas y no quede registrado.

De modo que este problema —el de tener que reconstruir lo que nadie grabó— pertenece a un tramo concreto de la historia: el que va desde que hubo público masivo hasta que hubo cámaras por todas partes. Un siglo escaso.

Antes de eso no había multitudes registrables. Después, no hay nada que no se registre.

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