Monte Tropic: la montaña submarina que España y Marruecos reclaman y que nadie sabe explotar
Concentra el 5 % del telurio conocido del mundo y está en aguas de nadie. Pero los estudios sobre sus costras apuntan a que extraerlo quizá no salga a cuenta.
Hay un conflicto entre España y Marruecos que no se libra en Ceuta ni en Melilla, sino a novecientos setenta metros bajo la superficie del Atlántico, a unos quinientos kilómetros al sur de El Hierro.
Allí hay un volcán apagado llamado monte Tropic. Su cima forma una meseta de unos 120 kilómetros cuadrados, cubierta por una costra de ferromanganeso de apenas tres o cuatro centímetros de espesor. En esa capa fina está todo el asunto.
Qué guarda esa costra
Telurio, sobre todo. Se estiman unas 2.670 toneladas, alrededor del 5 % de las reservas mundiales conocidas de un elemento que en la corteza terrestre es rarísimo.
El telurio importa por dónde acaba: paneles solares de alta eficiencia, aleaciones especiales, componentes electrónicos. También hay cobalto y níquel, que son los metales de las baterías.
La caracterización seria del monte la hizo una campaña del buque británico RRS James Cook a finales de 2016.
Por qué no es de nadie
El Tropic queda fuera de las 200 millas náuticas de la zona económica exclusiva española y fuera de la marroquí. Está, literalmente, en aguas internacionales.
Existe un mecanismo para cambiar eso. La Convención del Mar permite a un Estado pedir que se reconozca su plataforma continental más allá de las 200 millas si demuestra que el fondo marino es prolongación natural de su territorio. España presentó esa solicitud en 2014 para la zona al oeste de Canarias.
Marruecos, por su parte, ha ido aprobando legislación interna que redefine sus límites marítimos en el Atlántico.
Y ahí aparece el nudo que hace este caso distinto de una disputa ordinaria: para que la pretensión marroquí alcance la zona, la medición debe partir de las costas del Sáhara Occidental, un territorio cuyo estatus continúa sin resolverse en Naciones Unidas.
El dato que rara vez aparece en los titulares
Hasta aquí, la historia habitual: tesoro submarino, dos países, carrera por el futuro.
Falta la parte que cuentan los que han medido la montaña.
Los trabajos publicados sobre estas costras atlánticas señalan que, con espesores de tres o cuatro centímetros y las leyes de cobalto que se encuentran en el Tropic, un solo monte submarino difícilmente llegue a ser económicamente viable.
A eso se suman dos ausencias que no son menores: no hay marco jurídico internacional que regule la minería a esa profundidad, y no hay tecnología demostrada capaz de retirar una capa de tres centímetros de un fondo marino sin arrasar el ecosistema que vive encima de ella.
Porque eso es lo otro: los montes submarinos son puntos calientes de biodiversidad. La costra no está sola, es el suelo de algo.
Entonces, ¿a qué juegan?
A la opción de compra. Reclamar cuesta informes y tiempo de abogados; renunciar es para siempre.
La tecnología puede llegar, la ley puede escribirse y el precio de un metal puede multiplicarse en una década si aparece la aplicación adecuada. Ninguno de los dos países va a ser el que se levante de la mesa.
Mientras tanto, el monte Tropic lleva ahí unos cuantos millones de años y no parece tener prisa.