Qué fue el continente perdido de Lemuria: de una hipótesis sobre lémures a un mito que llegó a un control de tráfico en Chile
Qué fue el continente perdido de Lemuria: la hipótesis de Philip Sclater en 1864, cómo la adoptaron Haeckel y la teosofía de Blavatsky, la leyenda del monte Shasta y por qué la tectónica de placas la desmontó.
Qué fue el continente perdido de Lemuria es una pregunta que en septiembre de 2026 se hizo media Chile, después de que un conductor de 51 años intentara librarse de un control en la Ruta 5 Norte diciendo que era embajador de la «República de Lemuria», según contó BioBioChile. Los Carabineros no se lo creyeron. Pero el nombre que eligió tiene más de siglo y medio de historia, y empieza en un sitio muy poco místico: una revista científica victoriana y un problema con los lémures.
Qué fue el continente perdido de Lemuria según quien lo propuso
En 1864, el zoólogo y abogado británico Philip Lutley Sclater publicó en The Quarterly Journal of Science un artículo titulado «The Mammals of Madagascar». Le intrigaba algo concreto: había lémures en Madagascar y restos de parientes suyos en la India, pero no en el continente africano ni en Oriente Próximo, que están en medio.
Su explicación fue un puente de tierra. Un gran continente en el océano Índico que habría unido Madagascar con la India y que más tarde se hundió. Lo bautizó Lemuria, por los lémures. No había nada esotérico en la propuesta: era una hipótesis de trabajo para explicar la distribución de unos animales, en una época en la que nadie pensaba que los continentes se movieran.
Haeckel y la cuna de la humanidad
La idea tuvo éxito entre los naturalistas. El biólogo alemán Ernst Haeckel, uno de los grandes divulgadores de Darwin, la usó hacia 1870 para explicar por qué no aparecían fósiles del «eslabón perdido» entre simios y humanos: quizá estaban en el fondo del mar, sobre el continente hundido donde habría surgido nuestra especie. Con eso Lemuria dejó de ser solo una cuestión de lémures y pasó a ser el posible origen del ser humano.
De la ciencia al ocultismo: Blavatsky y las razas raíz
El salto definitivo lo dio Helena Blavatsky, fundadora de la Sociedad Teosófica. En La doctrina secreta (1888) convirtió Lemuria en la patria de la «tercera raza raíz» de la humanidad: unos seres gigantes, hermafroditas, que se reproducían poniendo huevos y que habrían existido antes de la Atlántida.
A partir de ahí Lemuria ya no necesitó pruebas. Pasó de los congresos de zoología a los libros de ocultismo y de ahí a la cultura popular: novelas de aventuras, cómics, videojuegos y partidas de rol. De ahí que sea uno de los primeros nombres que le vienen a la cabeza a cualquiera que quiera inventarse un país.
Los lemurianos del monte Shasta
En 1894 se publicó en Estados Unidos A Dweller on Two Planets, de Frederick Spencer Oliver, un libro que su autor decía haber recibido por inspiración espiritual. En él aparecía la idea de que supervivientes de Lemuria vivían en túneles bajo el monte Shasta, un volcán del norte de California. La leyenda sigue viva: el pueblo de Mount Shasta tiene hoy tiendas esotéricas y visitantes que van buscando a los lemurianos.
Kumari Kandam, la versión tamil
En el sur de la India, algunos autores tamiles del siglo XX, como Devaneya Pavanar, identificaron Lemuria con Kumari Kandam, una tierra hundida que aparece en la tradición literaria tamil, y la presentaron como cuna de la civilización. Ahí el mito se mezcló con el nacionalismo cultural y todavía aparece en debates sobre la antigüedad de la lengua tamil.
Por qué la ciencia descartó Lemuria
Lo que acabó con Lemuria fue una idea mejor. En 1912 el meteorólogo alemán Alfred Wegener propuso que los continentes se desplazan. Durante décadas la mayoría de los geólogos la rechazó, hasta que en los años sesenta la tectónica de placas lo confirmó con datos del fondo oceánico.
Con ese mapa, el misterio de Sclater se resuelve solo. Madagascar y la India formaron parte de Gondwana, el gran supercontinente del sur, y se separaron por el movimiento de las placas. El reparto de esos animales se explica con esa separación y con su evolución posterior, sin necesidad de ningún continente hundido. Además, los fondos del océano Índico están hechos de corteza oceánica, que es distinta de la continental. Un continente hundido habría dejado su rastro.
El giro: sí había un trozo de continente bajo el océano Índico
La historia tiene una coda curiosa. En 2013, un equipo dirigido por el geólogo Trond Torsvik publicó en Nature Geoscience un artículo titulado «A Precambrian microcontinent in the Indian Ocean». Encontraron en las arenas de las playas de Mauricio circones mucho más antiguos que la propia isla, lo que apunta a que bajo ella hay restos de corteza continental. Lo llamaron Mauritia.
Mauritia es un fragmento pequeño que se desprendió cuando Madagascar y la India se separaron, hace decenas de millones de años, y quedó cubierto por la lava de los volcanes que formaron islas como Mauricio. No sirve de puente para ningún lémur ni tiene nada que ver con razas raíz.
Por qué Lemuria sigue apareciendo
Lemuria resume bien cómo funciona un mito con pedigrí científico. Nació como hipótesis razonable, la ciencia la abandonó cuando tuvo pruebas mejores y la siguieron usando quienes no necesitaban pruebas. El diario chileno Emol repasó la historia el mismo día en que el «embajador» llegaba al juzgado, señal de que mucha gente buscaba ese nombre por primera vez.
El conductor chileno, por cierto, quedó con firma mensual y arraigo nacional, según La Tercera. Escogió para su país imaginario un continente que tampoco existió nunca, y en eso, al menos, fue coherente.