¿Por qué se está acabando el helio y qué pasa si se agota?
El helio no se fabrica: se extrae del gas natural y, cuando escapa, se pierde en el espacio. Cuatro crisis de suministro desde 2006, la venta de la reserva estratégica estadounidense y hospitales racionando resonancias explican por qué un gas asociado a los globos sostiene la medicina y los microchips.
El helio se acaba porque no se fabrica en ningún sitio: se extrae del gas natural, donde se acumuló durante cientos de millones de años, y una vez liberado es tan ligero que asciende y escapa al espacio sin posibilidad de recuperarlo. La demanda crece, la oferta depende de un puñado de plantas y desde 2006 el mercado ha sufrido cuatro escaseces graves.
¿De dónde sale el helio si no se puede sintetizar?
De la desintegración radiactiva del uranio y el torio en la corteza terrestre. Cada átomo de helio que hay bajo nuestros pies es una partícula alfa que se emitió hace millones de años, se frenó, capturó dos electrones y quedó atrapada bajo las mismas trampas geológicas que retienen el gas natural.
Separarlo exige destilación criogénica, y el proceso solo sale a cuenta cuando el gas contiene más de un 0,3 % de helio, algo que ocurre en muy pocos campos del mundo. En la atmósfera hay 5,2 partes por millón: técnicamente se puede extraer del aire, pero el gasto energético lo convierte en un ejercicio de laboratorio. Es el segundo elemento más abundante del universo y uno de los más difíciles de conseguir en la Tierra.
¿Para qué se usa realmente el helio?
Los globos son la parte visible y la más pequeña. El grueso del consumo va a industrias donde ningún otro elemento hace el mismo trabajo, sobre todo por dos propiedades: es químicamente inerte y sigue siendo líquido a temperaturas a las que todo lo demás es un bloque sólido.
| Uso | Qué hace exactamente | ¿Se puede sustituir? |
|---|---|---|
| Resonancia magnética | Enfría el imán superconductor a 4 kelvin (unos −269 °C) | No a esa temperatura |
| Semiconductores | Atmósfera inerte y refrigeración en litografía y grabado | Solo en parte |
| Fibra óptica | Enfría el hilo de vidrio en la torre de estirado | No de forma práctica |
| Detección de fugas | Átomo diminuto e inerte: atraviesa cualquier microgrieta | Hidrógeno, con riesgo de inflamación |
| Buceo profundo | Mezcla heliox, evita la narcosis por nitrógeno | No |
| Soldadura y fabricación aditiva | Gas de protección | Argón, en muchos casos |
| Globos | Sustentación | Hidrógeno, inflamable |
Un escáner de resonancia magnética convencional lleva del orden de 1.500 a 1.700 litros de helio líquido bañando la bobina. Sin ese baño, el imán pierde la superconductividad de golpe —lo que en la jerga hospitalaria se llama un quench—, el helio se evapora en minutos y volver a poner la máquina en marcha cuesta decenas de miles de euros y varios días de agenda parada.
¿Cuántas crisis de suministro ha habido?
El sector las numera de la 1.0 a la 4.0, y todas responden al mismo patrón: media docena de plantas concentran la producción mundial y basta con que dos fallen a la vez.
- 2006-2007: retrasos en plantas nuevas y averías coincidentes.
- 2011-2013: problemas en las instalaciones estadounidenses y arranques fallidos en Oriente Medio.
- 2018-2021: el bloqueo diplomático a Catar en 2017 dejó al descubierto la dependencia de un solo país; Catar y Estados Unidos siguen siendo los grandes productores según el Servicio Geológico de Estados Unidos.
- 2022-2023: la peor. Se juntaron los incendios y las averías en la planta rusa de Amur, las sanciones a Rusia tras la invasión de Ucrania y una parada de mantenimiento en las instalaciones federales de Texas.
¿Qué pasó con la reserva estratégica estadounidense?
Estados Unidos creó en 1925 la Reserva Federal de Helio en Amarillo (Texas) para abastecer a sus dirigibles militares. Durante décadas fue el amortiguador del mercado mundial: cuando faltaba helio, se abría el grifo del campo de Cliffside.
En 1996, el Congreso decidió que el Estado no debía estar en ese negocio y aprobó una ley que ordenaba vender las existencias y liquidar la reserva. La ley de 2013 retrasó el desenlace y pasó a un sistema de subastas, pero el rumbo no cambió. En 2024 el Gobierno federal cerró la operación: la Oficina de Gestión de Tierras traspasó las instalaciones y el yacimiento a la empresa privada Messer por unos 425 millones de dólares. El comodín público que había estabilizado los precios durante casi un siglo dejó de existir.
¿De verdad hay hospitales que aplazan resonancias?
Sí, ocurrió durante la escasez de 2022. Los proveedores estadounidenses aplicaron recortes de asignación a sus clientes, los hospitales quedaron por detrás de contratos industriales firmados con antelación y varios centros revisaron protocolos: acortar exploraciones, agrupar citas para no rellenar el imán más veces de la cuenta y posponer estudios no urgentes. Las urgencias y la oncología se mantuvieron; lo que se retrasó fueron rodillas, hombros y revisiones de seguimiento.
El detalle incómodo es que un imán de resonancia consume helio aunque nadie lo use: se evapora poco a poco y hay que reponerlo. Un hospital no puede apagar la máquina para ahorrar.
¿Hay alguna salida?
Dos, y las dos están en marcha.
La primera es dejar de tirarlo. Los laboratorios de resonancia magnética nuclear instalan desde hace años sistemas de recuperación en circuito cerrado que recogen el gas evaporado, lo licúan y lo devuelven al imán, con tasas de recuperación por encima del 90 %. En el ámbito hospitalario, los imanes sellados de última generación han bajado la carga de unos 1.500 litros a alrededor de siete: el helio queda encerrado de fábrica y no se repone nunca. La pega es el ritmo de sustitución, porque un escáner dura entre diez y quince años y el parque instalado se renueva despacio.
La segunda es buscar helio donde no hay hidrocarburos. En la cuenca de Rukwa (Tanzania), un equipo de las universidades de Oxford y Durham midió en 2016 emanaciones superficiales con hasta un 10 % de helio. En Minnesota, la perforación del proyecto Topaz, cerca de Babbitt, arrojó en 2024 concentraciones superiores al 12 %. Comparado con el 0,3 % que hace rentable un campo convencional, son cifras extraordinarias, y además se trata de helio no asociado al gas fósil, lo que lo desliga de la transición energética.
El plazo depende de algo más que de la geología: hacen falta plantas de licuefacción, contenedores criogénicos y rutas de transporte refrigerado, y ese equipamiento tarda años en construirse. Mientras tanto, cada globo que se suelta en una fiesta se lleva consigo unos gramos de un gas que la Tierra tardó cientos de millones de años en fabricar.