Muere Juan Tamariz, el hombre que enseñó a España a mirar las manos

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Tenía 83 años y se fue el 18 de agosto en Madrid. Campeón del mundo con cartas en 1973, se metió en el salón de varias generaciones y dedicó media vida a enseñar lo que sabía.

Muere Juan Tamariz, el hombre que enseñó a España a mirar las manos

Ha muerto Juan Tamariz. Tenía 83 años y se fue este martes en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid, por causas naturales. Lo confirmó su hija Ana, que dirige en Madrid la escuela donde se sigue enseñando lo que él enseñaba.

Cuesta escribir de él en pasado.

El chaval que estudiaba Físicas

Se llamaba Juan Manuel Tamariz-Martel Negrón y nació en Madrid el 18 de octubre de 1942, de familia paterna de Écija. Antes de dedicarse a esto estudió cuatro años de Ciencias Físicas y después dirección de cine, dos formaciones que en su caso no fueron un rodeo: la primera explica la obsesión por el método y la segunda, el sentido del ritmo y de la puesta en escena.

En 1973, en el congreso mundial de París, se proclamó campeón del mundo de magia con cartas. Tenía treinta años. A partir de ahí, la magia española dejó de ser una cosa que se miraba fuera y pasó a ser algo que se exportaba.

El hombre que se metió en las casas

Lo que lo convirtió en Tamariz, sin embargo, no fue el campeonato: fue la televisión. En Tatatachán primero y en Un, dos, tres después, donde hizo de Don Estrecho, se metió en el salón de varias generaciones a la vez. Su espectáculo, Magia Potagia, mezclaba humor, misterio e improvisación en unas proporciones que nadie más ha sabido repetir.

Había algo raro en aquello y conviene decirlo ahora que ya no está: Tamariz hacía magia lenta. En una televisión que iba cada año más rápida, él se tomaba su tiempo, se reía, se equivocaba aposta, hablaba con el público, volvía atrás. No competía por la atención: la construía.

Lo que dejaba escrito

La otra mitad de su trabajo no se vio en ninguna pantalla. Tamariz escribió, dio clases y formó gente durante décadas. Publicó manuales como La vía mágica y Magia en el bar, fundó escuela y dedicó una parte enorme de su vida a explicar cómo se hacía lo que hacía, que es lo contrario de lo que suele hacer alguien que vive de un secreto.

Esa generosidad tiene consecuencias visibles. Buena parte de los magos españoles que hoy llenan teatros aprendieron de sus libros, de sus clases o de sus vídeos. Su hija Ana dirige hoy la Gran Escuela de Magia en Madrid.

El reconocimiento

En 1993 fue nombrado Mago del Año en Estados Unidos, un reconocimiento que en aquel oficio equivale a un premio mayor. Recibió también la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes. Fuera de España se le cita entre los grandes de la magia de cerca del siglo XX, y no como una curiosidad exótica: como una influencia.

Por qué duele esta

Hay muertes de gente famosa que se leen y se pasa de página. Esta no.

Tamariz pertenecía a esa categoría rara de personas públicas de las que nadie tenía nada malo que decir. No hizo carrera del enfado, no se metió en polémicas, no vendió resentimiento. Se dedicó a hacer bien una cosa muy difícil y a enseñarla a quien quisiera aprenderla, y lo hizo durante sesenta años con la misma risa.

Su hija lo dejó escrito mejor de lo que se puede decir desde fuera: «Agradecidísima por todo el amor que me dio y por todo el amor a la Magia que nos regaló».

Fuente: Cadena SER.

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