Santa Teresa murió la noche del 4 al 15 de octubre: los diez días que España borró del calendario
En 1582 el papa Gregorio XIII ordenó suprimir diez días para recolocar la Pascua. España obedeció en el acto, Inglaterra tardó 170 años y Rusia hasta 1918. La historia de la mayor operación de ingeniería sobre el tiempo, y del motín que nunca ocurrió.
En el convento de Alba de Tormes, una monja de sesenta y siete años agonizaba desde hacía días. Murió por la noche. Cuando las hermanas fueron a anotar la fecha, se encontraron con un problema que no había tenido nadie antes en la historia de Castilla: Teresa de Ahumada se había acostado el jueves 4 de octubre de 1582 y había muerto el viernes 15. Entre una cosa y otra no habían pasado once días. Habían pasado unas horas.
Por eso Santa Teresa de Jesús se celebra el 15 de octubre y no el 4. Y por eso su muerte es el ejemplo español más limpio de lo que ocurrió aquel otoño: la Monarquía Hispánica borró diez días del calendario de un plumazo, y a nadie se le ocurrió una manera elegante de contar los que quedaron en medio, porque no había ninguno en medio.
Once minutos al año durante mil doscientos años
El origen del desaguisado estaba en un error diminuto y muy antiguo. El calendario juliano, el que había puesto en orden Julio César en el año 46 antes de Cristo, daba al año una duración de 365 días y seis horas exactas: de ahí el bisiesto cada cuatro. Pero la Tierra tarda en dar la vuelta al Sol unos once minutos y catorce segundos menos que eso.
Once minutos no se notan. Once minutos multiplicados por mil doscientos años, sí: el calendario se adelantaba un día cada siglo y pico. En el Concilio de Nicea, en el año 325, el equinoccio de primavera caía el 21 de marzo y allí se fijó la referencia para calcular la Pascua. En 1582 el equinoccio real ocurría el 11 de marzo. La fiesta central del cristianismo se estaba deslizando despacio hacia el verano, y a ese ritmo habría acabado celebrándose en agosto.
Un médico calabrés que no llegó a verlo
La solución la había diseñado años antes Luigi Lilio, médico y astrónomo de Calabria, que murió en 1576 sin ver aprobada su propuesta; fue su hermano Antonio quien la presentó a la comisión pontificia. El jesuita alemán Christoph Clavius, matemático de peso en el Colegio Romano, se encargó de rematarla, defenderla y luego pasarse dos décadas respondiendo por escrito a quienes la atacaban.
El arreglo tenía dos partes. Una era quirúrgica: quitar los diez días acumulados para devolver el equinoccio al 21 de marzo. La otra era preventiva, y es la que sigue funcionando hoy en el móvil de cualquiera. Los años que terminan en doble cero dejan de ser bisiestos salvo que sean divisibles entre 400. Por eso 1700, 1800 y 1900 tuvieron febreros de veintiocho días y el año 2000 no. Con esa regla, el año medio dura 365,2425 días y el desfase con el Sol tarda unos tres mil años en llegar a un día completo.
La bula Inter gravissimas se firmó el 24 de febrero de 1582 y ordenaba el salto para octubre, un mes elegido a propósito por lo poco cargado que estaba de fiestas grandes.
Quién obedeció y quién no
Felipe II, que en 1582 estaba en Lisboa administrando su reciente corona portuguesa, firmó a finales de septiembre la pragmática que aplicaba el cambio en todos sus reinos peninsulares. España, Portugal y buena parte de Italia dieron el salto en la fecha prevista. Francia lo hizo dos meses después. Los territorios católicos de Flandes lo hicieron en diciembre, con una consecuencia curiosa: al pasar del 21 de diciembre al 1 de enero, allí no hubo Navidad en 1582.
En las Indias hubo que esperar a que los barcos llevaran la orden: en Nueva España el salto se hizo en octubre de 1583, un año entero después que en la metrópoli. Durante doce meses, dos partes del mismo imperio escribieron fechas distintas en el mismo día.
Fuera del mundo católico, la cosa se alargó de forma casi cómica. Inglaterra y sus colonias aguantaron hasta 1752, cuando el desfase ya era de once días y septiembre pasó del 2 al 14. Rusia no cambió hasta 1918, con trece días de retraso, motivo por el cual la Revolución de Octubre se conmemoraba en noviembre. Grecia fue la última de Europa, en 1923.
| Territorio | Año | Días suprimidos |
|---|---|---|
| España, Portugal, Italia | 1582 | 10 |
| Francia | 1582 | 10 |
| Nueva España | 1583 | 10 |
| Gran Bretaña y colonias | 1752 | 11 |
| Rusia | 1918 | 13 |
| Grecia | 1923 | 13 |
Los alquileres, los jornales y las deudas
La pregunta práctica se la hizo todo el mundo: si alquilo por meses, ¿pago octubre entero habiendo tenido veintiún días? Si trabajo a jornal, ¿quién me paga los diez que no existieron? Si debo dinero a plazo fijo, ¿vence antes?
La bula lo había previsto. Incluía instrucciones expresas para que la supresión no perjudicara a nadie en el cobro de rentas, censos, intereses y plazos: los jueces debían añadir los diez días omitidos al cómputo de los vencimientos, de modo que un contrato anual siguiera durando un año de verdad. Los notarios españoles se pasaron meses anotando en los márgenes la equivalencia entre la cuenta vieja y la nueva, y muchos documentos de aquellos años llevan las dos fechas para evitar pleitos.
Quien salió perdiendo de verdad fue el jornalero, que sencillamente no trabajó ni cobró esos días. Y quien salió ganando, el deudor con vencimiento a fin de mes.
El motín que no hubo
Circula desde hace siglos la imagen de multitudes en la calle gritando que les devuelvan los días robados. En Inglaterra incluso se cita el eslogan: Give us our eleven days. La frase existe, pero no salió de ningún tumulto: aparece pintada en una pancarta del cuadro An Election Entertainment de William Hogarth, de 1755, dentro de una escena de campaña electoral, como pulla política contra los adversarios. El historiador Robert Poole documentó en los años noventa que no consta ningún motín inglés por el calendario.
Conflictos sí los hubo, pero por otro motivo. En ciudades alemanas como Augsburgo, y sobre todo en Riga entre 1584 y 1589, hubo disturbios serios contra la implantación del calendario nuevo. Lo que se rechazaba allí no eran los días perdidos: era aceptar una orden del papa en territorio protestante. La resistencia era confesional, y por eso duró décadas o siglos, no una semana de enfado.
El sistema que salió de aquello sigue vigente sin un solo retoque desde hace más de cuatro siglos, y da la fecha con la que se firman contratos en países que en 1582 rechazaron la bula por venir de Roma. La próxima vez que haya que ajustar algo será hacia el año 4900, cuando el acumulado vuelva a alcanzar un día entero. Es probable que para entonces alguien discuta si merece la pena.