Un cuarto del PIB europeo se va en la edad: qué hay de verdad dentro de esa cifra
La cifra es real y está en las cuentas de la Comisión Europea. Lo interesante aparece al abrirla: una cuarta parte de ese gasto no va a los mayores, y la partida que más crece no es la que todo el mundo nombra.
Hay una escena que se repite en muchas casas españolas y que hace veinte años no se veía: un hijo de treinta y tantos, con carrera y con trabajo, que sigue durmiendo en la habitación en la que durmió de crío. No está sin empleo. No está de paso. Sencillamente no le salen las cuentas.
Esa escena tiene detrás una discusión que lleva meses en la prensa económica europea y que suele plantearse en forma de acusación: una generación numerosa se organizó un sistema generoso y le ha dejado la factura a unos hijos que son pocos. La formulación más contundente la publicó The Economist a finales de mayo, con un titular que no admite matices y que se ha citado mucho desde entonces.
Lo que sigue no es un juicio a nadie. Es abrir la cifra que se usa en esa discusión y ver qué tiene dentro, porque tiene bastante más de lo que sugiere el titular.
La cifra, y de dónde sale
El número que circula es que el envejecimiento se lleva ya alrededor de una cuarta parte del PIB de la Unión Europea. Viene del Ageing Report, un informe que la Comisión Europea publica cada tres años con las proyecciones de gasto de los veintisiete hasta 2070. La edición de 2024 sitúa el gasto asociado a la edad en el 24,4 % del PIB de la UE en 2022.
Es un cálculo serio, hecho con la misma metodología para todos los países, y por eso se cita tanto. Pero conviene saber qué mete dentro.
Lo que hay dentro del 24,4 %
Cuatro partidas: pensiones, sanidad, cuidados de larga duración y educación.
La cuarta es la que rompe el titular. El informe no se llama «gasto en mayores», se llama gasto asociado a la edad, y la educación entra porque también depende de cuánta gente hay en cada tramo: si nacen menos niños, hacen falta menos aulas. De hecho, en las proyecciones de la Comisión el gasto educativo baja precisamente por eso.
Así que una parte de ese cuarto del PIB es dinero que va a los jóvenes, no a los mayores. Contarlo como coste del envejecimiento y luego usarlo para decir que los mayores se lo llevan todo es un salto que la fuente no da.
La partida grande sí es la de pensiones: 11,4 % del PIB europeo en 2022, con una subida prevista hasta el 12,1 % hacia 2045 y un descenso posterior. Es mucho dinero, pero está lejos de la imagen de un gasto desbocado y sin techo.
Dónde sí aprieta: España
El promedio europeo esconde diferencias enormes, y España está en el lado incómodo de casi todas.
La Seguridad Social paga hoy más de 10,4 millones de pensiones, de las que 6,6 millones son de jubilación, con una nómina mensual que supera los 14.250 millones de euros solo en prestaciones contributivas. Para 2026 el gasto total ronda los 230.000 millones, en torno al 13 % del PIB, unos puntos por encima de la media europea.
Y hay un dato español que casi nunca aparece en estas discusiones: la tasa de sustitución es del 80,4 %, la más alta de Europa. Es la proporción entre la primera pensión y el último salario. Dicho en corto: quien se jubila aquí conserva cuatro quintas partes de lo que cobraba, algo que en la mayoría de países vecinos no ocurre ni de lejos.
La proporción que lo explica todo
Un sistema de reparto no depende del ahorro de nadie: depende de cuánta gente sostiene a cuánta gente. En España hay hoy 39 personas mayores de 65 años por cada 100 en edad de trabajar. Las proyecciones para 2050 rozan las 80.
No hace falta ninguna teoría para ver el problema: la misma tarta, repartida entre el doble de comensales, o una tarta que tiene que crecer el doble.
Lo que la palabra «boomers» tapa
Aquí es donde el marco generacional empieza a hacer aguas, y merece la pena decirlo con la misma claridad con la que se dice lo anterior.
Nadie eligió esto. El sistema de reparto se diseñó cuando la pirámide de población era una pirámide de verdad y cada jubilado tenía detrás cuatro o cinco cotizantes. La generación que hoy cobra pensión cotizó durante cuarenta años a un sistema que le prometía exactamente lo que está cobrando.
Dentro de cada generación hay de todo. Un pensionista con la mínima y un propietario de tres pisos comparten fecha de nacimiento y poco más. Los datos de patrimonio por edades esconden diferencias internas mucho mayores que las diferencias entre tramos.
Y una parte del dinero vuelve. La abuela que paga la entrada del piso, el matrimonio jubilado que recoge a los nietos del colegio para que sus hijos puedan trabajar: eso es una transferencia de arriba abajo que no aparece en ninguna estadística de gasto público y que en España es enorme.
La pregunta que queda
Que el problema no sea culpa de nadie no significa que no exista. Existe, y es aritmético.
Solo hay cuatro maneras de cuadrarlo, y todos los países europeos están probando combinaciones de las cuatro: que trabaje más gente, que se trabaje más años, que se cobre menos, o que se pague más. No hay una quinta.
La discusión que importa es cuál de esas cuatro se toca y en qué proporción. La que se está teniendo, en cambio, va de a quién echarle la culpa. Y esa, por muchos titulares que produzca, no mueve ninguna de las cuatro palancas.
Fuentes: Ageing Report 2024 de la Comisión Europea, datos de la Seguridad Social e informe de KPMG sobre el gasto en pensiones de 2026. El titular que abre la discusión es de The Economist.