Qué es un fondo buitre y de dónde viene el término: de los pleitos contra Zambia a las discusiones sobre el alquiler

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Qué es un fondo buitre y de dónde viene el término: nació con la deuda de los países pobres, como el fondo que compró deuda de Zambia por 3 millones y reclamó 55, y hoy se usa para cualquier casero con empresa.

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Qué es un fondo buitre y de dónde viene el término son dos preguntas que casi nadie se hace antes de usar la expresión, y eso que se usa a diario. El 24 de septiembre de 2026, la FundéuRAE publicó una recomendación recordando que fondo buitre ya no necesita comillas ni cursiva, porque la denominación «está asentada». Los ejemplos que ponía venían todos de noticias de vivienda: vecinos que piden soluciones frente a las subidas de alquiler del fondo buitre, viviendas que son propiedad del fondo buitre. Al día siguiente, en el pódcast «Lo más odiado» de El Confidencial, alguien zanjaba una discusión sobre alquileres con un «tú eres el buitre» dirigido a cualquiera que tenga un piso alquilado.

La palabra ha recorrido un camino largo para llegar ahí. Empezó en los tribunales, con países pobres en el banquillo.

Qué es un fondo buitre, en su sentido original

El Banco Africano de Desarrollo lo define en su página sobre los fondos buitre en la deuda soberana: son entidades que compran deuda en apuros en el mercado secundario, donde cotiza muy por debajo de su valor nominal, y después intentan cobrar la cantidad completa, a menudo en los tribunales. El método, según la misma institución, tiene tres pasos: comprar deuda con un gran descuento, negarse a participar en la reestructuración que aceptan los demás acreedores y reclamar el valor completo, con intereses, atrasos y penalizaciones.

La metáfora es transparente. El buitre no caza. Espera a que el animal esté débil o muerto y entonces baja. Un fondo así no presta dinero a un país en apuros: compra el pagaré de otro cuando ya parece incobrable y espera.

Qué es un fondo buitre y de dónde viene el término: Zambia y los países más endeudados

Los casos que citan las instituciones internacionales cuando explican la expresión son los pleitos contra los países del programa de alivio de deuda para países pobres muy endeudados, conocido por sus siglas en inglés, HIPC. Cuando los gobiernos y los bancos acreedores perdonaban parte de la deuda, algunos acreedores privados no entraban en el acuerdo y demandaban.

El caso que el Banco Africano de Desarrollo pone como ejemplo es el de Zambia. Un fondo compró una deuda del país por 3 millones de dólares, reclamó 55 millones y un tribunal le concedió 15,5 millones. La misma página recoge cifras del FMI y del Banco Mundial: once países pobres demandados en 46 pleitos, y más de un tercio de los países que se acogieron al alivio de deuda señalados por al menos 38 acreedores litigantes, con sentencias por valor de unos 1.000 millones de dólares en 26 casos.

La reacción política llegó en esos años. En mayo de 2007, el Club de París, que agrupa a los grandes países acreedores, decidió no vender sus créditos sobre esos países a quien no fuera a aplicar el alivio de deuda, y los ministros de Finanzas del G8 expresaron su preocupación en Essen el 19 de mayo. El Reino Unido fue más lejos: el 8 de abril de 2010 recibió la sanción real la Debt Relief (Developing Countries) Act, que limita lo que estos acreedores pueden cobrar a los países pobres en los tribunales británicos.

Ninguna de las fuentes que hemos consultado fija quién usó la expresión por primera vez ni en qué fecha. Su sentido original está claro: deuda soberana, compra con descuento y pleito.

Cómo saltó de la deuda de los países a los pisos

En España la palabra se hizo popular después de la crisis de 2008, cuando fondos internacionales compraron a bancos y administraciones carteras de préstamos impagados y de viviendas. El paralelismo con el sentido original era fácil de ver: comprar barato lo que otro da por perdido. A partir de ahí, el uso se fue ensanchando hasta cubrir casi cualquier empresa que tenga pisos en alquiler, sea un fondo, una SOCIMI o una aseguradora.

La ley no ha seguido ese camino. La Ley 12/2023 por el derecho a la vivienda no menciona los fondos buitre. Usa otra figura, la de gran tenedor: quien tenga más de diez inmuebles urbanos de uso residencial o más de 1.500 metros cuadrados, sin contar garajes ni trasteros, sea persona física o empresa. Un particular con once pisos es gran tenedor y un fondo con nueve no lo es.

Cuánto pesan de verdad las empresas en el alquiler

El Banco de España ha medido lo que hay detrás de la palabra. En su Documento Ocasional 2432, con datos fiscales de 2021, estima que las sociedades tienen el 8,1 % del alquiler de vivienda habitual en España, con un máximo del 11,1 % en Cataluña y del 10,3 % en Madrid. El resto, por encima del 90 %, es de particulares. Ese 8,1 % incluye a todas las empresas, no solo a los fondos. No hay un dato oficial que diga cuántas viviendas tiene cada gestora internacional, por mucho que en las tertulias circulen cifras redondas.

Cómo se escribe

Para quien tenga que escribirlo, la FundéuRAE da dos opciones para el plural. La más habitual es fondos buitre, con el segundo sustantivo en singular, en aposición, igual que se dice hombres rana. También vale fondos buitres, tratando la palabra como un adjetivo que concuerda. Lo que sobra son las comillas.

Cuando una noticia hable de un fondo buitre, conviene mirar a qué se refiere: a un acreedor que pleitea por una deuda comprada con descuento, a una gestora con miles de pisos o a una sociedad pequeña con unos pocos. La palabra ya se usa para las tres cosas.

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