Quién conquistó realmente Tenochtitlan: los tlaxcaltecas y los miles de aliados indígenas de Cortés
Quién conquistó realmente Tenochtitlan en 1521: Cortés llegó con unos 500 españoles y el asedio lo hicieron decenas de miles de tlaxcaltecas, texcocanos y totonacas. Cifras, fuentes y lo que dice Matthew Restall.
Si te preguntas quién conquistó realmente Tenochtitlan, la respuesta corta tiene nombre colectivo: los tlaxcaltecas, junto a texcocanos, totonacas, huexotzincas y otros pueblos que llevaban décadas soportando el dominio mexica. Hernán Cortés aportó el mando y unos cientos de españoles. La mayor parte de los que combatieron, cargaron, remaron y murieron en el asedio de 1521 eran indígenas.
La idea vuelve a circular estos días por un vídeo corto del Institute for Hispano Studies, «Spain Built the New World. England Rebuilt the Old.», que la usa como punto de partida para comparar el modelo español con el inglés. Esa comparación tiene más matices de los que caben en un minuto. El dato de partida, en cambio, está bien asentado entre los historiadores.
Quién conquistó realmente Tenochtitlan: las cifras que manejan los historiadores
Cortés desembarcó en la costa de Veracruz en 1519 con unos 508 soldados, un centenar de marineros y 14 piezas de artillería pequeña, según el recuento que recoge la historia del asedio de Tenochtitlan a partir de las crónicas. Para el asedio final de 1521, con refuerzos llegados de Cuba y de la expedición de Narváez, contaba con alrededor de 84 jinetes, 194 ballesteros y arcabuceros y unos 650 infantes españoles.
Los aliados indígenas se cuentan por decenas de miles. Las estimaciones van de 50.000 a 200.000 guerreros según la fuente y el momento de la campaña. La horquilla es enorme porque las cifras salen de crónicas que tenían sus propios intereses: Cortés tendía a engordar su papel y algunos cronistas indígenas, el de su pueblo. Lo que ningún historiador serio discute es la proporción. Por cada español había decenas, quizá cientos, de combatientes indígenas.
Los tlaxcaltecas: de enemigos a socios en dos semanas
Tlaxcala era una confederación de señoríos que había resistido al imperio mexica durante generaciones, rodeada y sometida a un bloqueo que la dejaba sin sal ni algodón. Cuando los españoles entraron en su territorio en 1519, los tlaxcaltecas les plantaron batalla durante unas dos semanas. Después cambiaron de estrategia y pactaron. Tenían un enemigo común y vieron la ocasión de acabar con él.
Esa alianza salvó a Cortés al menos una vez. Tras la Noche Triste de 1520, cuando los españoles huyeron de Tenochtitlan con enormes pérdidas, fue Tlaxcala la que los acogió y les dejó rehacerse. En su territorio el carpintero Martín López construyó los trece bergantines que luego se llevaron por piezas hasta el lago de Texcoco, a hombros de porteadores indígenas.
Texcoco, Totonacapan y los demás
Los tlaxcaltecas fueron los más numerosos y los más constantes, pero no los únicos. Los totonacas de Cempoala fueron los primeros aliados en la costa. En Texcoco, la segunda ciudad de la Triple Alianza, Cortés apoyó a Ixtlilxóchitl II, rival de la facción afín a los mexicas, y la ciudad se convirtió en su base de operaciones para el asedio. Huexotzinco, Cholula y otros señoríos del valle se fueron sumando según la balanza se inclinaba.
A eso se añadió un aliado involuntario. La viruela llegó a Tenochtitlan a finales de octubre de 1520 y mató, entre otros, al tlatoani Cuitláhuac. Cuando empezó el asedio, la ciudad ya había perdido a una parte enorme de su población. Tenochtitlan cayó el 13 de agosto de 1521.
El «mito del conquistador blanco» según Matthew Restall
El historiador Matthew Restall dedicó uno de los capítulos de Los siete mitos de la conquista española (Oxford University Press, 2003; Paidós lo tradujo en 2004) a lo que llama el mito del conquistador blanco: la imagen de un puñado de europeos que derrotan solos a un imperio. Restall recuerda que Cortés llegó a Tenochtitlan con unos 6.000 aliados y apenas 250 españoles, y que en el asalto final participaron decenas de miles de guerreros indígenas que casi nunca aparecen en el relato.
La línea la continuaron Laura Matthew y Michel Oudijk en Indian Conquistadors (University of Oklahoma Press, 2007), que siguen a esos aliados más allá de México, hasta Guatemala y otras campañas en las que los nahuas pusieron la tropa.
Los propios tlaxcaltecas se encargaron de dejarlo por escrito. El Lienzo de Tlaxcala, pintado a mediados del siglo XVI, cuenta la conquista con guerreros tlaxcaltecas en primer plano. Era un documento político: servía para reclamar a la Corona los privilegios que creían merecer.
Qué ganaron los aliados, y qué no
Tlaxcala obtuvo un trato excepcional. Recibió escudo de armas y título de ciudad, quedó en buena medida libre del sistema de encomienda y sus nobles conservaron parte de su poder durante la época virreinal. En 1591 salieron de allí 400 familias tlaxcaltecas para fundar pueblos en la frontera chichimeca del norte, como San Esteban de la Nueva Tlaxcala, junto a Saltillo, con tierras, ganado y permiso para llevar armas negociados por escrito.
Eso no convierte la historia en una alianza entre iguales. La epidemia, la caída demográfica del siglo XVI y el poder creciente de los españoles fueron estrechando el margen de los antiguos aliados. Muchos pueblos que ayudaron a derribar a los mexicas acabaron sometidos al tributo y al trabajo forzoso del nuevo orden. Restall insiste en que los aliados indígenas no eran peones engañados: perseguían sus propios fines con sus propias cuentas. Que esas cuentas les salieran bien a medio plazo es otra pregunta, y la respuesta cambia según el pueblo.
Lo que sí queda claro es la parte que interesa al vídeo y a cualquiera que busque quién conquistó realmente Tenochtitlan. Fue una guerra entre pueblos mesoamericanos en la que un grupo pequeño de españoles encontró aliados dispuestos a terminar con la hegemonía mexica. Lo que vino después, con encomiendas, tributos y epidemias, ya no lo decidieron ellos.