En 1865 un economista avisó de que ahorrar carbón haría que se quemara más, y tenía razón

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Se llamaba William Stanley Jevons y a sus contemporáneos les pareció un disparate. Siglo y medio después, su paradoja explica desde el tráfico hasta la factura de la luz.

En 1865 un economista avisó de que ahorrar carbón haría que se quemara más, y tenía razón

Inglaterra, mediados del siglo XIX. Las máquinas de vapor llevan décadas mejorando: cada nueva generación hace el mismo trabajo con menos carbón. Todo el mundo da por hecho lo evidente, que el país va a consumir menos combustible.

En 1865, un economista llamado William Stanley Jevons publica un libro sobre la cuestión del carbón y dice lo contrario: cuanto mejor aprovechemos el carbón, más carbón vamos a quemar.

Y tenía razón.

La frase

La dejó escrita con una claridad que no ha envejecido: «es una confusión de ideas suponer que el uso económico del combustible equivale a un consumo menor. La verdad es justo la contraria.»

Por qué funciona así

El razonamiento tiene tres pasos y no hace falta saber economía para seguirlo.

Uno: si una máquina gasta la mitad de carbón, usarla cuesta la mitad.

Dos: al costar la mitad, hay usos que antes no salían a cuenta y ahora sí. Fábricas que no podían permitirse una máquina, ahora pueden. Trenes que no compensaban, ahora compensan.

Tres: acaba habiendo tantas máquinas más que el consumo total sube, aunque cada una gaste menos.

La clave está en el paso dos. Solo pasa si hay demanda esperando a que baje el precio. Y en la Inglaterra industrial la había, enorme.

Dónde se ve hoy

En las carreteras. Se amplía una autopista para descongestionarla, conducir por ella se vuelve más rápido, y a los pocos años vuelve a estar igual de atascada con más coches.

En las bombillas. Las luces LED gastan una fracción de lo que gastaban las incandescentes. Y hoy hay luz encendida en sitios donde antes nadie la habría puesto: jardines, fachadas, escaparates toda la noche.

En el almacenamiento. Cuando un disco duro costaba una fortuna, la gente borraba. Ahora nadie borra nada, y entre todos guardamos una cantidad de datos que no cabía en la cabeza de nadie en 1990.

Lo que no dice la paradoja

Conviene precisarlo, porque se usa mal a menudo.

No dice que la eficiencia sea inútil ni que no haya que buscarla. Dice que la eficiencia por sí sola no reduce el consumo total cuando hay demanda esperando.

Si no hay esa demanda, la eficiencia sí ahorra. Por eso en un sector maduro y saturado las mejoras sí bajan el consumo, y en uno en expansión no.

La consecuencia práctica, y es lo que hace que esto siga discutiéndose en política climática: para que la eficiencia reduzca de verdad el consumo hace falta algo más que eficiencia. Un límite, un impuesto, una cuota. Algo que impida que el ahorro se gaste solo.

Siglo y medio después

Jevons escribió sobre carbón y máquinas de vapor porque era lo que tenía delante. Lo que describió no era el carbón: era lo que hace la gente cuando algo se abarata.

Y eso no ha cambiado nada en ciento sesenta años.

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