¿Qué puente romano ha sacado a la luz la sequía del Danubio?

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La bajada histórica del Danubio ha dejado a la vista los cimientos del puente de Constantino, inaugurado en el año 328 y con 2,5 kilómetros el puente fluvial más largo del mundo antiguo. No es el de Trajano, y esa confusión se repite cada vez que sale en las noticias.

¿Qué puente romano ha sacado a la luz la sequía del Danubio?

La sequía ha dejado el Danubio en mínimos históricos y en la orilla búlgara ha aparecido una hilera de bloques bajo el agua. Es el puente de Constantino, inaugurado el 5 de julio del año 328 para unir Ulpia Oescus, cerca de la actual Gigen (norte de Bulgaria), con la fortaleza de Sucidava, hoy Corabia (Rumanía). Medía entre 2,4 y 2,5 kilómetros: el puente fluvial más largo del mundo antiguo. Los restos están a unos 70 centímetros de profundidad.

Los datos, de un vistazo

Dato Puente de Constantino
Inauguración 5 de julio del año 328
Promotor Constantino I
Orillas que unía Ulpia Oescus (Gigen, Bulgaria) — Sucidava (Corabia, Rumanía)
Longitud Entre 2,4 y 2,5 km
Pilares Ocho, separados entre 30 y 35 metros
Anchura de la plataforma Entre 5 y 5,7 metros, según la fuente
Altura sobre el agua Casi 10 metros
Materiales Cimientos de bloques y losas de piedra reforzados con ladrillo; plataforma de madera
Tiempo en servicio Unas décadas (las fuentes no coinciden)
Final Incendiado
Profundidad actual de los restos Unos 70 cm bajo el agua

¿No es el puente de Trajano?

No, y conviene aclararlo porque los dos se confunden cada vez que uno de ellos aparece en las noticias. Son dos puentes romanos distintos sobre el mismo río. El de Trajano lo levantó Apolodoro de Damasco bastante antes y estaba más al oeste; rondaba los 1.100 metros. El de Constantino mide más del doble y está en otro tramo del Danubio, aguas abajo.

Dicho de otro modo: lo que la sequía ha destapado este verano no es la obra célebre de Apolodoro, sino una posterior y bastante más ambiciosa en longitud, aunque mucho menos conocida.

¿Por qué construir ahí un puente de piedra?

La otra orilla, la del norte, era la antigua Dacia, de la que Roma se había retirado en tiempos de Aureliano. Cuando Constantino ordena el puente, aquello ya no era territorio administrado por el imperio, sino una zona de contacto y de presión constante.

Ahí está la parte interesante. Cruzar el Danubio con barcas o con un puente de barcas es una operación reversible: se monta para una campaña, se desmonta y no queda nada. Levantar cimientos de piedra y ladrillo dentro del río, en cambio, es un gesto que se ve desde las dos orillas y que dice que la presencia va a ser permanente. Sucidava, la fortaleza del otro lado, era la cabeza de puente de esa idea.

¿Cómo se levanta un puente de 2,5 kilómetros sobre un río así?

Con una solución mixta, que es lo que permite cubrir tanta distancia sin arruinarse. Los romanos metieron en el agua ocho pilares de bloques y losas de piedra reforzados con ladrillo, separados entre sí entre 30 y 35 metros, y encima montaron la plataforma en madera, de unos cinco metros de ancho (hay fuentes que la sitúan en 5,7) y a casi diez metros sobre la superficie.

  • La piedra va abajo. Es la parte que aguanta la corriente, el hielo y los arrastres, y es justo la que ha sobrevivido: lo que se ve hoy son los cimientos, no el puente.
  • La madera va arriba. Más barata, más rápida de colocar y sustituible por tramos. También es la que desaparece antes, por fuego o por abandono.
  • Los diez metros de altura no son un capricho: dejan pasar las crecidas y el tráfico fluvial por debajo.

Esa combinación explica que se pudieran cubrir más de dos kilómetros. Un puente enteramente en piedra a esa escala habría exigido una cantidad de arcos y de mano de obra difícil de justificar en una frontera.

¿Cuánto tiempo estuvo en pie?

Poco, y aquí las fuentes discrepan abiertamente: unas hablan de unos treinta años de uso y otras estiran la cifra hasta los setenta. Ninguna versión llega al siglo. En cualquiera de los dos escenarios, la obra de ingeniería civil más larga del mundo antiguo sobre un río estuvo en servicio apenas unas décadas.

Merece la pena detenerse en la proporción. El esfuerzo de meter ocho cimientos en el cauce del Danubio, con los medios del siglo IV, se amortizó durante menos tiempo del que dura hoy la vida útil prevista de una autopista.

¿Por qué acabó incendiado?

Porque un puente funciona igual de bien en los dos sentidos. La misma infraestructura que permitía a las tropas romanas cruzar hacia el norte permitía a las tribus de la otra orilla cruzar hacia el sur, y a pie enjuto. Cuando la situación en la frontera dejó de ser sostenible, la propia Roma lo quemó para que no lo usara el enemigo.

Ardió la plataforma de madera. Los cimientos de piedra y ladrillo, que no arden, se quedaron donde estaban. Y el río fue tapándolos.

¿Quién ha documentado lo que ha aparecido?

El Museo Regional de Historia de Pleven, que ha registrado los restos con drones y con la ayuda de los pescadores de la zona, los que conocen el tramo y saben dónde engancha la red. Es un trabajo de oportunidad: la ventana la abre el nivel del agua, no el calendario de excavación.

El Danubio está dejando al descubierto cosas por todo su curso este verano, desde restos de barcos hasta estructuras sumergidas. En este caso, lo que ha emergido llevaba unos mil setecientos años bajo el agua y vuelve a verse a 70 centímetros de la superficie. En cuanto el río recupere caudal, desaparecerá otra vez.

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