Los tres trucos que hicieron gigantes a Hotmail, Dropbox y Airbnb (y por qué hoy no funcionarían)
Una firma al final de un correo, una carpeta regalada y un anuncio copiado en otra web. Tres ideas de una tarde que valieron miles de millones, contadas sin jerga.
Las empresas que hoy valen miles de millones no siempre crecieron con presupuestos enormes. Tres de las más conocidas despegaron con ideas que se le ocurrieron a alguien en una tarde y que costaron prácticamente cero. Merece la pena contarlas, porque las tres se parecen más de lo que parece.
Hotmail: la frase al final del correo
Corría 1996 y el correo electrónico gratuito era una novedad. Hotmail tenía un producto bueno y ningún dinero para anunciarlo.
A uno de sus inversores se le ocurrió añadir una línea al final de cada mensaje que saliera del servicio: una invitación a conseguir una cuenta gratis, con su enlace. Fundadores reticentes, discusión, y al final la pusieron.
Cada correo que enviaba un usuario era un anuncio delante de alguien que ya conocía al remitente. En año y medio pasaron de cero a más de ocho millones de cuentas. Microsoft los compró por unos 400 millones de dólares.
Dropbox: la carpeta que se regala por invitar
Dropbox llegó en 2008 y estuvo un tiempo pagando anuncios de búsqueda. Le costaba más captar a un usuario de lo que ese usuario le iba a dejar. Un negocio así no dura.
Cambiaron de idea: en vez de pagar a Google, pagar al usuario. Invita a un amigo y os damos espacio a los dos. Nada de dinero, nada de descuentos: más sitio para guardar cosas, que es justo lo que querían quienes usaban el producto.
Multiplicaron los registros por cuatro en poco más de un año. Y lo elegante del asunto es que el premio era el propio producto, así que cada invitación traía a alguien con motivos para quedarse.
Airbnb: el anuncio que se copiaba solo
Este es el más descarado. Hacia 2010 Airbnb tenía anfitriones y pocos huéspedes. Y sabían perfectamente dónde estaban los huéspedes: en Craigslist, el tablón de anuncios donde en Estados Unidos se buscaba de todo, alojamiento incluido.
Montaron un botón que, al publicar en Airbnb, colgaba automáticamente el mismo anuncio en Craigslist con un enlace de vuelta. Legal, a Craigslist no le hizo ninguna gracia, y funcionó una temporada hasta que cerraron la puerta.
Lo que tienen en común
Se cuentan como golpes de ingenio, pero si te fijas los tres hicieron lo mismo: encontraron un sitio con mucha gente por el que todavía no pagaba nadie. La bandeja de entrada. La libreta de contactos. Un tablón de anuncios.
No inventaron un canal. Se metieron en uno que ya existía antes de que se llenara.
Y por qué hoy no colarían
Las tres puertas están cerradas. Los proveedores de correo marcan como promoción cualquier firma comercial. Las invitaciones por recomendación las tiene todo el mundo y ya no sorprenden a nadie. Y a las plataformas se les pasó la inocencia: publicar automáticamente en la web de otro te cuesta la cuenta en veinticuatro horas.
Cada una de esas ventanas duró entre dos y cuatro años. Lo raro no es que se cerraran. Lo raro habría sido que siguieran abiertas.